Qué foto, ¿eh?

Ahí,  toda casual entre el follaje palmeril. Si es que soy una cachonda.

Pero eso para luego. Ahora la parte seria, la del business

Hace algo más de un año decidí pasar de jefes y montármelo por mi cuenta. 

Antes de eso fui madre, y antes de eso, traductora de inglés en una agencia. 

Ahora me levanto y no me “pongo guapa” para ir a trabajar porque lo hago desde  mi casa y voy en chándal.

Empleo 1 hora al día en formarme y leer, 3 horas en proyectos de clientes y 2 en ocuparme de mi negocio.

Y cuando acabo, me voy al parque con mi hija.

Lo que hago para mis clientes es lo mismo que hago para mi negocio: pensar en formas de comunicarme con mis prospectos para que acaben contratándome a mí y no a otro de mi competencia. 

Ofrezco técnicas de copywriting y ángulos de venta en función del negocio, porque no es lo mismo vender habitaciones de hotel que terapia de pareja ni una pera que una manzana.

Lo que hago con mi hija es acompañarla al mismo parque de siempre y ver cómo un día salta un poco más alto, otro imita a todo el que se le pone por delante y otro defiende como puede su espacio en la colchoneta.

Le ofrezco mi amor y mi tiempo porque no es lo mismo tener una hija que no tenerla y las cosas se ven distintas cuando una ya no es el centro del universo. 

Yo ya no soy el centro de nada, ni en mi casa ni en mi negocio, porque aunque esto se llame Angels Ramis, aquí el foco está en mis clientes.

Esto es un súper cliché al que una copywriter como yo no debería recurrir, pero es lo que hay. 

Sin clientes no hay money, sin clientes contentos no hay recomendaciones y sin todo esto no hay business que valga.

Me toca currármelo, que para algo soy autónoma.

Ah, te decía que también soy una cachonda, y sí, me gustan las risas.

En mis emails hay bastante humor. Para ver si es del que te hace gracia o del que te da vergüenza ajena, aquí:

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